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jueves, 18 de julio de 2013

¿Quién es Álvaro Uribe Vélez?

Mis queridos lectores, les comparto un escrito que me llegó y con el cual estoy algo de acuerdo.

Escrito por un periodista Ecuatoriano
¿Quién es Álvaro Uribe Vélez?



Por Fernando Balda*
25 de junio de 2013

A propósito del concurso de History Channel, en el que Álvaro Uribe Vélez quedó como el gran colombiano, Debate publica el escrito de Fernando Balda sobre la vida y obra del ex presidente.

Pocas veces la patria colombiana ha parido hombres como Álvaro Uribe Vélez; pero esto no solo se puede aseverar porque él haya tenido una carrera muy visible en el campo político. Ha desempeñado diferentes cargos en el Ministerio de Trabajo y la Aeronáutica Civil; fue alcalde de la ciudad de Medellín durante (1982), Senador de la República (1986-1994) y, más tarde, Gobernador de Antioquia (1995-1997), siendo finalmente elegido Presidente de la República de Colombia en 2002 y reelecto en 2006.

De carrera plausible, este pluralista convencido del Estado de derecho, paradójicamente es un estudioso de todas las formas revolucionarias y socialistas, de allí que posee un instinto conceptual y deductor, sobre las causas y procesos políticos. De la universidad de Antioquia en Derecho; a Harvard para estudiar administración y finanzas, luego “Negociación de Conflictos”; pasando por el Saint Antony´s College de la universidad de Oxford en Inglaterra, gracias a la beca Simón Bolívar del Consejo Británico y donde participó como Senior Associate Member. Su carrera académica fue brillante, antes, ya había sido exonerado de rendir exámenes en 5to y 6to año en el bachillerato por sus excelentes calificaciones; de familia hacendada y ganadera.

En 1983 Uribe, fue víctima de un intento de extorsión por parte del EPL, no quiso aceptar que un agente de inteligencia arriesgará su vida disfrazándose como él para entregar el dinero que pedían los extorsionadores, fue él mismo, y se logró la captura de los criminales. En los años ochenta su padre fue asesinado por las FARC en un intento de secuestro.

Como Presidente, el mismo Alvaro Uribe sufrió tantos atentados como si fueran salidos de la imaginación de un cineasta, en Barranquilla el 14 de Abril del 2002 las FARC colocaron 300 libras de explosivos al paso de la caravana del Presidente, un bus pasó entre los explosivos y el vehículo de Uribe en el momento de la explosión salvándole la vida y costando la de otros cinco inocentes y decenas de heridos; luego las FARC intentaron durante una conferencia de prensa colocar una grabadora periodística con explosivos y cianuro pero fue frustrada por la seguridad del mandatario quien canceló la conferencia; el 7 de Agosto de 2002 las FARC lanzaron varios morteros y rockets contra Casa de Nariño durante la posesión presidencial, los proyectiles alcanzaron las cornisas pero no hubo víctimas. En febrero de 2003 una casa explotó en Neiva mientras era allanada por una alerta de atentado; y en Abril de 2005 un cohete rocket fue lanzado contra el avión presidencial mientras aterrizaba en el aeropuerto de Neiva, el cohete no dio en el blanco.

¿Pero por qué el terrorismo ha marcado como objetivo militar a Álvaro Uribe?, cuando yo fui a Colombia por primera vez obtuve de forma muy clara la respuesta; Benjamín, un buen amigo dueño de un restaurante en Chapinero, un barrio céntrico de Bogotá me contaba: “si Usted hubiera visto, hace diez años; no se podía subir a la Calera (zona de un mirador turístico que bordea la ciudad) porque las FARC ya estaban allí secuestrando y matando”. Pero esto es solo uno de los miles de relatos que uno puede escuchar en un paseo por cualquier ciudad colombiana.

Quien no ha ido a Colombia difícilmente puede saber realmente que son las FARC. No son decenas de muertos los que han provocado, no son cientos, ni miles, ni decenas o centenas de miles. No! Son millones de ciudadanos asesinados de las formas más horrendas conocidas por el hombre, que han causado profundo dolor a los colombianos durante cincuenta años consecutivos. Han reclutado durante medio siglo niños para enseñarles a matar y enfrentarlos a morir.

Las FARC se ha aliado con el narcotráfico como protectores de las rutas de transporte de droga para poder financiar su ejército, en el camino descubrieron que era mejor entrar al negocio que solo ser custodios del alcaloide, llegando a convertirse también en un poderoso cartel. A esta fuerza terrorista es a la que Álvaro Uribe juró a su país exterminar de la mano del ejército colombiano y las leyes.

Desde el 2002 hasta el 2010 fueron incontables las veces que el Presidente con teléfono en mano llamaba él mismo a los pilotos de los helicópteros black hawk y les daba disposiciones de ataque, esto me contaba uno de sus ex ministros Fabio Valencia Cossio. Tal determinación logró mermar las filas del grupo terrorista que había llegado a tener 18.000 integrantes dejándolos con 8.000 según estadísticas en el año 2005, haciéndolos retroceder de ciudades y pueblos que se encontraban tomados y donde el Estado no podía entrar, los cabecillas más sanguinarios fueron abatidos bajo su mando, y logró la desmovilización de miles a la luz de acertadas políticas de Estado, colateralmente esta política llamada de seguridad democrática se convirtió en fuente de recursos pues el combate al terrorismo atrajo a la inversión privada y generó progreso.

Cuando las FARC nacían en 1964 después que sus cabecillas ya hubieran participado en escaladas de violencia con grupos armados comunistas radicales después del “Bogotazo”. Álvaro Uribe ya tenía 12 años y uso de razón. Paralelamente iban creciendo en la historia el terrorismo y su principal exterminador. “Nunca antes las Fuerzas Armadas de Colombia habían sentido que eran dirigidas por un verdadero comandante en jefe”, así me lo dijo un buen amigo General.

Como todo Gobierno, y más aún uno que había sido precedido por algunos desgobiernos que vendieron sus conciencias al terrorismo y al narcotráfico, el de Uribe no se salvó de escándalos, algunos utilizados por sus opositores como trofeos políticos, hay de todo en la viña del señor; sin embargo, hay algo innegable, perceptible, confesable: Uribe cambió a Colombia, le devolvió, progreso y esperanza.

Recordó a cada uno de los colombianos que la patria y la vida son para respetarlas, que nadie bajo el pretexto de causas extintas, cuestionables, transmutadas e ilegítimas tiene el derecho de alterar el orden, destruir el Estado, acabar con vidas humanas y causar terror. Que quienes así lo hacen recibirían respuesta con todo el rigor de la ley y las Fuerzas Armadas comandadas por un verdadero guerrero.

También dejó en claro que cada colombiano es un nicho de paz; que la verdadera paz no es la que se negocia en una mesa de póker vendiendo la patria por encima del sufrimiento de millones de víctimas. Sino la que se proclama sobre los valores democráticos y la justicia.

Tan excepcional es Uribe, que en un hecho sin precedentes cuando terminó su segundo periodo tenía el 75% de aprobación, la más alta en la historia de todos los mandatarios colombianos; podría haberle alzado del brazo a cualquiera y hubiera ganado la presidencia con el solo endoso de este héroe. Pero aún los héroes cometen errores, el brazo que alzó fue el de un tahúr ególatra, el otrora defensor del pensamiento de su predecesor, que hoy ha traicionado los principios democráticos que juró defender, y que ansía más el premio nobel de la paz para Colombia; el Judas Iscariote que la sinergia extraña y absurda del destino pone en la vida de cada héroe o mártir para hacerle entender más del comportamiento humano. Nunca es tarde para recibir estas necesarias lecciones de la vida, -ellas siguen preparando el espíritu- más aún si se es un líder como Uribe y hay todavía mucho por hacer.

Hoy en la Habana delegados del actual gobierno toman tinto con los terroristas negociando lo innegociable -la dignidad de un país y la impunidad- pero solo logran ilegítimas situaciones disimuladas en constantes mascaradas; a la par, en Colombia altas esferas que emergieron de los dineros de las FARC o el narcotráfico, algunas inoculadas en medios de comunicación defienden lo que sucede en Cuba, publican lo que les asegura más pautaje y dádivas del actual gobierno.

Aunque parezca de no creer; en Colombia en las universidades más caras y en los medios de comunicación, aunque pocos, hay alumnos y periodistas que comulgan con los pensamientos de las FARC, cual si hubieran olvidado que son colombianos y fueran de esos “desenchufados que piensan que los terroristas de las FARC son unos románticos que leen al Che Guevara, escuchan música de Silvio Rodríguez y tiran piedras y bombitas molotov cuando protestan basados en sus ideales de justicia social”; pero en realidad este fenómeno anti patria se debe a que después de cincuenta años de terrorismo, extorsión, compra de conciencias y demás, las FARC, otras bandas terroristas y el narcotráfico han producido nuevas generaciones, hijos de quienes vivieron o viven de los intereses del terror y la droga enquistados hoy en segmentos medios y altos de la sociedad.

Si, parece mentira, pero así hay algunos, que aplauden el deseo de los terroristas de “dejar las armas” a cambio de recibir derechos sobre millones de hectáreas tierras que ilegalmente han arrebatado a sus verdaderos dueños, que puedan postularse a dignidades de elección popular como al Senado, Cámara de Representantes etc. y que las múltiples violaciones a Derechos Humanos, asesinatos, secuestros y extorsiones queden en la impunidad.

Quienes apoyan esto, son esos mismos que se contraían y viven amargados cuando escuchan de la mayoría lo innegable, que Colombia está retrocediendo en la política de seguridad como fuente de recursos que había sido avanzada exitosamente por Uribe; que irrefutablemente hay un líder irrepetible que gobernó comandando decididamente la guerra contra el terrorismo y sus consecuencias sin darle tregua, entregándolo todo, entregando su vida al servicio de Colombia, vida de la que solo Dios ha sido responsable mantener.

Y sabio como para tener bien en claro cómo se busca la paz, y con quien se sienta uno a tomar un tinto. Son cuarenta y siete millones de colombianos y 1’141.748 km2 a los que el gobierno debe proteger, son demasiados, por ello es inaceptable que se antepongan intereses inicuos y estériles de la vanidad y el despropósito de un gobierno que empezó traicionando los principios que lo llevaron al poder y reincide día tras día. Es imposible hablar de Uribe sin contrastar su legado con los actuales acontecimientos.

Hoy más que nunca se necesita que vuelva a Colombia la política de este guerrero que marcó con su huella la historia de Colombia; que ahora se escribe: Antes y después de Álvaro Uribe Vélez, El Gran Colombiano!

*Ex Asambleísta Nacional del Ecuador (A). Preso político del régimen de Rafael Correa.
@fernandobalda
Blog: fernandobalda.wordpress.com
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viernes, 17 de mayo de 2013

Oración al Maestro en la celebración del día del profesor

Un pequeño y Gran detalle que me compartieron en la mañana de hoy en la Escuela de Criminalística de la Policía Nacional. La verdad me llegó al alma y por ello lo deseo compartir con todos.

martes, 26 de marzo de 2013

El peligro de asumir actitudes triunfales antes de iniciar la contienda; el caso de Colombia contra Venezuela


Noventa y cuatro minutos no fueron suficientes para que el equipo de futbol de Colombia pudiese bajarse de la nube en la que los medios y la gente lo subieron la semana pasada cuando venció 5-0 a Bolivia en las eliminatorias al mundial de futbol Brasil 2014. Los elevaron tanto, hablaron tan profusa y ampliamente del combinado tricolor, que el partido de hoy contra Venezuela, se daba por descontado que sería una victoria arrolladora. Y cómo no pensarlo, cuándo el viernes pasado le habíamos ganado a Bolivia en Barranquilla 5-0. Colombia por ello había pasado a ser el equipo del que los medios hablaban a su favor, al igual que de sus directivos y jugadores. Tuvieron hasta el saludo del presidente de la república, que en condiciones normales, así el presidente no haga nada, no lo hubiese dado. Hoy antes de comenzar el partido contra un seleccionado que no se encuentra dentro de los favoritos, como es el caso de Venezuela se venía especulando de quién reemplazaría a Mario Alberto Yepes, quien por acumulación de tarjetas amarillas, se vería imposibilitado a jugar. Se barajaba que podría ser, Luis Amaranto Perea, Arquivaldo Mosquera, o Cristian Zapata, y se daba por hecho el que el combinado Colombiano resultaría victorioso ante un equipo de menor trayectoria como es el caso de Venezuela. Pues la realidad es que el partido comenzó y al minuto 13 Venezuela marcó el primer y único gol de un partido en donde Colombia, por encontrarse demasiado crecido, no pudo ver el daño que le estaba provocando un equipo como el venezolano y por ello nunca adoptó un juego alternativo para conseguir remontar e incluso superar a su contrincante. En cambio siguió con su “toque toque” que ya TODOS conocemos y que los entrenadores saben perfectamente cómo sobrepasar y vencer, como hoy fue el caso. Resultado de la operación: Colombia debe vencer a Argentina su próximo oponente, si quiere ganarse una casilla al mundial Brasil 2014, o de lo contrario nos contentaremos, como suele suceder con decir “que tan bueno para los equipos que lo lograron, para el próximo mundial será….”

El problema de esto en realidad no es que asistamos o dejemos de asisitir al mundial; creo que el problema tiene unas raíces bastante más profundas y estas se traducen en la composición social de este país. Colombia en donde nos enorgullecemos de nuestra diversidad (que cada día hay menos) en donde hasta hace poco nos aireábamos de la extensión de nuestros océanos, ya que hoy solo tenemos el océano pacifico, pues el mar caribe lo supimos perder, y en donde decimos que habita la gente más bella, sin entrar a juzgar si son honestos o pícaros, como suelen serlo, es una sociedad profundamente perdida en su identidad. Y esto considero que es gravee , ya que los líderes que se están creando son débiles y poco representativos de la sociedad. Pretender legitimar a un alcalde que fue (ignoro si aún continuará siéndolo, aunque no me extrañaría) guerrillero, o a un gobernador de igual descendencia, en una sociedad permeada por el narcotráfico, en donde nuestros jóvenes sueñan es con ser traquetos, o ponerse tetas de mentiras, para así poder ser aceptados dentro de sus nucleos de socialización es preocupante. Pero qué se puede esperar cuando el presidente que en teoría rigue los designios de esta país se encuentra más preocupado por figurar con amplios índices de aceptación que entre las medidas que tome que aunque puedan bajar sus índices de popularidad, considero necesarias en momentos en que la recesión mundial toca nuestras puertas. En cambio lo difumina con salidas olímpicas como la de inventar un falso índice de crecimiento, que a todas luces no es real, o mejor aún pidiéndole a un exfuncionario del banco de la república, que no sabe lo que es tratar con el  pueblo, pues nunca ha tenido que estar en contacto con ellos, que vaya y negocie una salida a un paro cafetero que obedece a unas razones profundas de desigualdad, aunado a una larga historia de dependencia del gremio cafetero, en momentos en los que esta dependencia cada vez es más difícil por aquello de la globalización y la variedad de ofertas que existen en el sector cafetero, que se estos conciban seguir cultivando un grano que en esta realidad ya no es negocio, pero toca “pretender” que aún lo sigue siendo.

Por esto es que el problema de si Colombia va al mundial puede ser importante, ya que si consigue su cupo, la estrategia publicitaria se centrará hacia esto, pretendiendo ignorar el grave conflicto y situación por la que el país atraviesa, con ello probablemente el actual presidente se podrá reelegir y podrá seguir negociando al país como lo ha venido haciendo. Pero ¿y si no vamos? El problema puede ir en detrimento del actual gobierno, ya que claramente a menos que se inventen alguna otra nube, serán juzgados por sus actos y sorpresa como hasta ahora son más bien contados lo que han hecho, puede salir fuertemente golpeado de una aspiración reeleccionista.

Es decir lo que hoy se vió en el partido de futbol, puede simular la realidad actual.